PRÁCTICA / MEDITACIÓN

Aprender · Practicar · Integrar

Un espacio de recursos para continuar profundizando en las Terapias Esenias y Egipcias, practicar por tu cuenta y enriquecer tu experiencia como terapeuta.

Práctica de limpieza interior

¿Para qué hacemos esta práctica?

Esta práctica está destinada a liberar y purificar nuestro espacio interior, favoreciendo la sensación de ligereza y armonía. A través de la respiración, la visualización y el trabajo con las energías de la Tierra y del Cielo, acompañamos la liberación de aquello que pesa en nosotros: emociones, pensamientos, tensiones o resistencias.

Nos invita también a acoger lo que aparece sin juicio y dejarlo marchar, creando un espacio interior más sereno y disponible para la presencia de lo Divino.

La práctica

Para realizar esta práctica, podemos quemar un poco de incienso, encender una vela y, si lo deseamos, acompañarnos de una música muy suave.

Sentados cómodamente o tumbados en el suelo, con los ojos cerrados, llamamos a nuestros Guías de Luz y les pedimos ayuda y protección.

Comenzamos enraizando la base de nuestro cuerpo —o toda nuestra espalda si estamos tumbados— y sentimos cómo unas raíces rojas penetran en la tierra. Si estamos sentados en una silla y no directamente sobre el suelo, sentiremos igualmente esas raíces penetrar en la Tierra a través de las plantas de nuestros pies.

De la Tierra hacia el Cielo…

Llamamos de nuevo a nuestros Guías de Luz.

Respiramos profunda y pausadamente a través del segundo chakra, percibiendo su radiación de color naranja. Hacemos ascender esta energía naranja hasta el corazón, que se abre para recibir todas las vibraciones de estabilidad y amor.

Respiramos profundamente a través del tercer chakra y sentimos cómo su radiación amarilla asciende hasta el corazón, invitando a la no dualidad y a la paz. Nuestro corazón acoge esta energía y la hace suya.

Respiramos profundamente a través del cuarto chakra, el chakra del corazón, y dejamos que su energía de amor y libertad, de un bello color verde dorado, ascienda hasta nuestra garganta para impregnar el quinto chakra, el laríngeo. Sentimos cómo esta radiación verde dorada purifica y aligera suavemente esta zona de nuestro ser. Visualizamos entonces, en el quinto chakra, una energía de un bello color azul, semejante al azul de un cielo de verano.

Continuamos respirando libre y suavemente, sintiendo cómo nuestro ser se desintoxica con cada espiración. Dejamos que todas las impurezas, de cualquier naturaleza, se marchen con confianza. Expulsamos tranquilamente todo aquello que llevamos dentro y que se ha vuelto pesado.

Si aparecen palabras, no emitimos ningún juicio: las acogemos y las dejamos partir con cada espiración. Si aparecen dolores, resistencias o lágrimas, los acogemos igualmente y después los dejamos marchar con la espiración, hasta que todo se vuelva más fluido, dulce y calmado.

Hacemos una pausa, con los ojos cerrados, sin deseo ni tensión.

Manteniendo este mismo sentimiento de acogida, dejamos que una bella energía de amor ascienda desde nuestra garganta hasta el sexto chakra. Tomamos conciencia de que este chakra es una puerta abierta hacia los planos celestes. Dejamos que esta llamada ascienda desde esta puerta hasta nuestro séptimo chakra, situado en la coronilla.

Sentimos cómo nuestra coronilla responde abriéndose para recibir un rayo de amor procedente de las altas esferas. Acogiendo plenamente este rayo de amor celeste, dejamos que descienda hacia la puerta del sexto chakra, nuestro tercer ojo.

Es una dulce energía blanca y dorada que hacemos descender lentamente hacia nuestra garganta y después hacia nuestro corazón.

Hacemos una nueva pausa, con los ojos cerrados, sin deseo y sin tensión, permaneciendo simplemente a la escucha de aquello que actúa en silencio.

Dejamos que la energía circule por nuestro cuerpo, invitándola a descender hasta nuestro tercer chakra para limpiar su sol interior y, después, hasta nuestro segundo chakra.

Pedimos a esta energía de amor que purifique este centro, para que pueda renacer en nosotros lo Divino.

Hacemos una pausa y tomamos conciencia de la purificación que se está realizando.

Pedimos a lo Divino que la energía de amor que hemos invitado en nosotros descienda ahora hasta la base de nuestro cuerpo y lo limpie completamente.

Sentimos cómo esta fuerza celeste barre todas las toxinas y las conduce hacia las profundidades de la Tierra a través de las raíces que hemos creado al comienzo de la práctica, recorriendo nuestras piernas, las plantas de nuestros pies y nuestra espalda.

Del Cielo hacia la Tierra…

Agradecemos a la Tierra que haya acogido y absorbido con compasión nuestras toxinas.

Agradecemos al Cielo y a nuestros Guías de Luz por habernos acompañado.

Y nos damos las gracias a nosotros mismos.

Fuente

Autor

Daniel Meurois

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