PRÁCTICA / MEDITACIÓN
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La práctica de la Joya

¿Para qué hacemos esta práctica?
Esta práctica nos invita a despejar el camino entre nuestra personalidad y nuestro Ser profundo, cultivando un estado de quietud, unión y apertura a lo Divino.
A través de la Luz, el agua y la oración, nos ayuda a entrar en contacto con nuestra dimensión interior y reconocer en nosotros la «Joya», ese espacio de paz, amor y presencia que habita en el centro de nuestro ser.

La práctica
El Maestro El Morya nos enseñó esta práctica destinada a despejar la senda que conduce del «mí» al «Yo».
Como en muchas de las prácticas, nos sentamos con la espalda muy recta, preferiblemente en posición de loto o, al menos, de medio loto. Cerramos los ojos y dejamos que la respiración fluya libremente.
Antes de comenzar, llenamos de agua pura una copa bonita de cristal. La sostenemos entre las palmas de nuestras manos, unidas, dejando que los brazos descansen sin tensión sobre nuestras piernas.
Una vez reunidas estas condiciones, nos concedemos unos instantes para centrarnos y llamar en nosotros la mayor quietud posible.
Abrir la puerta al Divino
Abrimos los ojos y dirigimos la mirada hacia la copa de agua que sostenemos entre nuestras manos.
Dejamos que nuestra mirada acaricie tranquilamente la superficie del agua, sin prisa, permaneciendo unos instantes en esta contemplación.
A continuación, hacemos surgir un rayo de Luz desde el centro de nuestra frente y lo dirigimos hacia el agua de la copa, como si ambos fueran a unirse.
Dejamos entonces que nos inunde una llamada al Amor. La vivimos sin tensión, con el sentimiento de estar llamando a la puerta de lo Divino.
Después hacemos surgir un segundo rayo de Luz, esta vez desde el centro de nuestro pecho, y lo dirigimos igualmente hacia el agua de la copa para que penetre en ella.
Una vez más, dejamos que el Amor nos habite, con la certeza de que estamos llamando a la puerta de lo Divino.
Ahora emitimos simultáneamente un mismo rayo de Luz desde el centro de nuestra frente y desde el centro de nuestro pecho. Sentimos cómo el Flujo de Amor universal se eleva en nosotros y nos une plenamente con el agua que sostenemos entre nuestras manos.
La Joya
Impregnados de este sentimiento de unión, recitamos interiormente o en voz alta:
Oh, Alma de mi alma,
Joya de mi espíritu,
Te sé aquí, en el Centro de mi centro.
Eres mi continente de Paz,
Eres mi océano sin tempestad,
Mi fuego de compasión
Y mi aliento de Ser.
Dime tu Presencia,
Haz que te sienta y te conozca,
Llámame a descender en ti
Para mejor subir en ti.
Oh, Alma de mi alma,
Joya nacida del Todo,
Acógeme con el fin de que en ti me reconozca.
Podemos repetir esta oración tantas veces como sintamos que es necesario, dejando que cada repetición nos conduzca un poco más hacia ese estado de unión y de recogimiento.
Cuando sintamos que la práctica ha llegado a su término, llevamos la copa hasta nuestros labios y bebemos el agua conscientemente.
Lo hacemos con un sentimiento de gratitud hacia la Onda de Vida que circula en nosotros y que, continuamente, ensancha el camino que conduce de nuestra alma a nuestro espíritu.

Fuente
Autor
Daniel Meurois
Libro
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