PRÁCTICA / MEDITACIÓN

Aprender · Practicar · Integrar

Un espacio de recursos para continuar profundizando en las Terapias Esenias y Egipcias, practicar por tu cuenta y enriquecer tu experiencia como terapeuta.

La copa de Francesco

¿Para qué hacemos esta práctica?

Esta práctica nos invita a recibir conscientemente la Presencia divina, acogerla en nosotros y después redistribuirla en amor hacia todo lo que existe.

La práctica

Nos sentamos cómodamente, con la espalda bien erguida, en un lugar tranquilo donde podamos permanecer sin interrupciones. Dejamos que nuestros párpados se cierren y llevamos suavemente nuestra conciencia hacia el chakra frontal.

Puede aparecer una pequeña luz o un punto de color en nuestro interior. Si sucede, simplemente lo observamos, sin buscar provocarlo ni darle una importancia especial.

Llevamos ahora nuestra atención al centro del cráneo y dejamos surgir la imagen o la sensación de los círculos concéntricos que produce una piedra al caer sobre la superficie tranquila de un estanque.

Comenzamos una inspiración muy lenta y profunda. A medida que nuestros pulmones se llenan, nos sentimos como una copa que se va llenando progresivamente con el agua más límpida que podamos imaginar: un agua impregnada de la pureza del Amor.

Mientras recibimos esta Presencia, dejamos surgir interiormente una sencilla frase de agradecimiento, nacida espontáneamente de nosotros. Podemos utilizar nuestras propias palabras o simplemente permanecer en la sensación de gratitud.

Al llegar al final de la inspiración, comenzamos a exhalar suavemente por la nariz.

Mientras el aire sale, imaginamos que está cargado de pequeñas partículas de luz dorada. Es la energía que acabamos de recibir y que ahora dejamos expandirse hacia todo lo que existe.

No es necesario visualizar perfectamente esta luz. Lo esencial es sentir la calidad del amor que dejamos manar de nosotros.

Repetimos varias veces este movimiento de inspiración y expiración, sin esfuerzo y respetando nuestro propio ritmo.

Recibimos, agradecemos y ofrecemos. La práctica consiste en acoger conscientemente la Presencia divina, hacerla nuestra y después redistribuirla en amor, sin límites.

Permanecemos unos instantes en silencio al finalizar, sintiendo la circulación de esta energía y dejando que la experiencia se integre naturalmente.

Fuente

Autor

Daniel Meurois

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