PRÁCTICA / MEDITACIÓN

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Un espacio de recursos para continuar profundizando en las Terapias Esenias y Egipcias, practicar por tu cuenta y enriquecer tu experiencia como terapeuta.

Conexión con el corazón de la Tierra

¿Para qué hacemos esta práctica?

Esta práctica nos invita a establecer un vínculo consciente con la Tierra a través del amor, la luz y la intención de sanación. Es un trabajo de pacificación, de sanación y de intercambio con todas las formas de vida que circulan por la superficie de nuestro mundo.

La práctica

## Conexión con el corazón de la Tierra

Nos sentamos en posición de loto y unimos las manos, con las palmas hacia arriba, formando una pequeña copa frente a nosotros.

Con toda la fuerza de nuestro amor, colocamos en el hueco de nuestras manos la imagen interior del globo terrestre, visualizando la Tierra bañada en luz.

Cuando sintamos que la hemos impregnado de nuestro amor y de una energía de sanación, fluida y luminosa, llevamos las manos, y aquello que contienen en el plano sutil, hasta nuestro corazón. Dejamos que nuestro corazón aporte todavía más paz a esta imagen de la Tierra.

Después, llevamos la frente hasta el hueco de nuestras manos, que mantenemos en la misma posición. Permitimos así que nuestra voluntad dé fuerza y dirección a este acto de amor hacia la Tierra.

Una vez realizado este gesto, volvemos apaciblemente a la posición de loto. Sin tensión y sin intentar hacerlo «bien», llevamos nuestra conciencia hasta el centro del pecho y dejamos surgir desde allí un rayo de luz tan cristalino como podamos sentirlo.

Permitimos entonces que este rayo viaje lo más lejos posible de nosotros, hasta rodear simbólicamente la Tierra, antes de regresar hacia nuestro corazón, por el centro de la espalda.

Permanecemos atentos a este instante y acogemos la sensación de recibir de nuevo esa luz en nosotros.

Esta meditación puede realizarse también en grupo. Cada persona puede seguir su propio ritmo, sin prisa y sin buscar un resultado determinado.

Podemos vivir este momento como un gesto de amor ofrecido a nuestra Madre Tierra, permaneciendo especialmente atentos al instante en que el rayo de luz regresa y viene a acariciarnos en el centro de la espalda.

Tomemos conciencia de este momento y de su dimensión de encuentro, como un instante de unión entre almas.

Fuente

Autor

Daniel Meurois

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