PRÁCTICA / MEDITACIÓN

Aprender · Practicar · Integrar

Un espacio de recursos para continuar profundizando en las Terapias Esenias y Egipcias, practicar por tu cuenta y enriquecer tu experiencia como terapeuta.

El cuerpo cósmico

¿Para qué hacemos esta práctica?

Este primer ejercicio está destinado a invitar y percibir en uno mismo la acción unificadora de la Corriente Divina. Puede practicarse tumbado o sentado cómodamente, según las circunstancias y las preferencias de cada persona.

La práctica

Fase 1 — La luz en las piernas

Llevad vuestra conciencia hasta vuestro pie izquierdo y visualizadlo habitado por una hermosa luz blanca que lo envuelve por completo. Haced lo mismo con el pie derecho.

A continuación, percibid simultáneamente ambos pies, como si estuvieran penetrados por una misma luz, una misma presencia luminosa.

Mientras inspiráis muy lentamente, invitad a esta luz a ascender al mismo tiempo por ambas piernas. Cuando haya alcanzado la parte superior de las piernas, mantened una breve pausa con los pulmones llenos. Después, espirad lentamente, percibiendo cómo la luz desciende tranquilamente a lo largo de las piernas hasta los pies.

Repetid este movimiento de ascenso y descenso dos o tres veces, respetando siempre vuestro propio ritmo respiratorio.

Fase 2 — La luz en los brazos

Llevad ahora vuestra conciencia hasta el centro de vuestra mano izquierda y visualizadla impregnada de la misma hermosa luz blanca. Haced lo mismo con la mano derecha.

Percibid después ambas manos simultáneamente, habitadas por una misma energía luminosa e inmaculada.

Con una inspiración larga y lenta, invitad a la luz a ascender desde las manos a lo largo de ambos brazos. Cuando los brazos estén completamente impregnados de su radiación, mantened una breve pausa con los pulmones llenos.

Al exhalar, dejad que la corriente luminosa descienda tranquilamente por los brazos hasta llegar de nuevo a la punta de los dedos.

Al igual que con las piernas, repetid este movimiento dos o tres veces.

Fase 3 — La luz en el eje del cuerpo

Llevad vuestra conciencia hasta la base del cuerpo, en la zona del perineo. Tomad el tiempo necesario hasta sentiros cómodos y plenamente presentes.

A partir de esta zona, y mediante una inspiración muy lenta, haced ascender la misma hermosa luz blanca hasta la parte superior del abdomen. Cuando llegue a la altura del diafragma, mantened una breve pausa con los pulmones llenos. Después, exhalad tranquilamente mientras visualizáis cómo la luz desciende de nuevo hasta la base del cuerpo.

Repetid el movimiento, esta vez con una inspiración algo más rápida, invitando a la luz a ascender desde la base del cuerpo hasta el cuello y a llenar vuestros pulmones.

Mantened de nuevo una breve pausa con los pulmones llenos y, al exhalar, dejad que la onda luminosa descienda serenamente hasta el perineo.

Después, permaneced unos instantes en silencio y reposo. Cuando lo sintáis adecuado, repetid este último movimiento dos o tres veces, dejando siempre un espacio de silencio entre cada ciclo.

Fase 4 — El cuerpo enteramente habitado por la luz

Llevad ahora vuestra conciencia simultáneamente a ambos pies. Visualizad o sentid en ellos la presencia de esa hermosa corriente de luz blanca que habéis invocado durante las fases anteriores.

Pedid a esta Presencia luminosa que ascienda progresivamente por ambas piernas y llene tranquilamente vuestro vientre, vuestra pelvis, vuestras manos, vuestros brazos, todo vuestro torso y, finalmente, vuestro cuello y vuestra cabeza.

Dejad que la luz os envuelva por completo, como si os sumergierais serenamente en un agua luminosa.

Visualizaos o percibíos como una esponja completamente impregnada de luz. Abandonaos a la percepción de su dulzura y, quizá, también a la sensación de frescor vivificante que puede acompañarla, como una suave brisa de primavera.

Ahora, simplemente, permaneced ahí.

Otorgaos un tiempo para vivir y saborear plenamente este estado de conciencia. Cultivad esa intimidad con la Presencia luminosa que habéis invitado a asentarse y crecer en vosotros.

Cuando sintáis que ha llegado el momento, salid poco a poco de vuestra interiorización y no dudéis en estiraros suavemente para finalizar la práctica.

Fuente

Autor

Daniel Meurois

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