PRÁCTICA / MEDITACIÓN

Aprender · Practicar · Integrar

Un espacio de recursos para continuar profundizando en las Terapias Esenias y Egipcias, practicar por tu cuenta y enriquecer tu experiencia como terapeuta.

Trabajar sobre uno mismo antes de acompañar

¿Para qué hacemos esta práctica?

Para aprender a reconocer nuestro propio estado interior antes de acompañar a otra persona y entrar en el cuidado desde la calma, la presencia y la disponibilidad.

La práctica

Antes de comenzar un cuidado, nos concedemos unos instantes para volver nuestra atención hacia nosotros mismos.

Nos sentamos cómodamente, con la espalda erguida y las manos relajadas. Cerramos los ojos y dejamos que nuestra respiración encuentre su propio ritmo.

Observamos primero nuestro estado interior. ¿Hay agitación? ¿Pensamientos que se suceden rápidamente? ¿Emociones presentes? ¿Deseo de hacerlo bien, de obtener un resultado o de demostrar algo?

No intentamos modificar nada inmediatamente. Simplemente reconocemos lo que está presente.

Poco a poco, llevamos nuestra atención hacia el centro del pecho y dejamos que la respiración se vuelva más tranquila. Con cada espiración, soltamos aquello que no necesitamos llevar con nosotros al encuentro.

Dejamos que nuestra mente se calme y que nuestras emociones recuperen su espacio natural. No buscamos quedar vacíos de todo pensamiento, sino encontrar una rectitud interior desde la que podamos estar plenamente disponibles.

Cuando sintamos mayor quietud, dirigimos nuestra conciencia hacia la Presencia de lo Divino. No necesitamos provocar ninguna experiencia particular. Simplemente nos abrimos y nos ponemos en actitud de recepción.

Podemos permanecer unos instantes en silencio, respirando tranquilamente y sintiendo que no somos nosotros quienes tenemos que producir nada.

Finalmente, antes de comenzar el cuidado, formulamos interiormente una intención sencilla:

«Que mi presencia esté al servicio de aquello que la persona necesita recibir.»

Permanecemos unos instantes en silencio y, cuando sintamos que estamos preparados, abrimos los ojos y comenzamos el cuidado.

El objetivo no es alcanzar un estado interior perfecto. Es aprender, poco a poco, a trabajar sobre nosotros mismos para que nuestras propias emociones, expectativas o necesidades no ocupen el lugar que corresponde a la persona que estamos acompañando.

Fuente

Autor

Daniel Meurois

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